Dios nos da recursos para usarlos e invertirlos para Él, los recursos de Dios no deben ser escondidos, devorados negligentemente o malgastados, sino cultivados a fin de producir mayor cosecha. Cuando invertimos lo que Dios nos ha provisto, nos dará aún mucho más para dar. Podemos dudar en dar generosamente a Dios si tememos no tener lo necesario para satisfacer nuestras propias necesidades. Dios es capaz de suplir nuestras necesidades. La persona que da poco recibirá poco en recompensa. No permitas que la  falta de fe te impida que dés libre y generosamente…